Asunto: Sobre las ocupaciones y el éxito
Fecha: 10 de julio de 2026
Las ocupaciones, Lucilio, son el instrumento para conseguir o mantener aquello que uno valora, pero ¡cuánto mejores cuando a la vez ellas mismas nos proveen felicidad!
Poder sostener a la madre y el padre, proteger y cuidar a la pareja y a los hijos, y estar comprometido con una ocupación pacífica, son las más grandes bendiciones, afirmaba Buda. Luego, mucho puede proveernos aquella actividad que sin hacer daño —que incluye el psicológico a nosotros mismos— nos permite todo lo primero, tanto que sólo por esto uno puede aprender a amarla. El amateur busca trabajar en aquello que ama; el profesional busca amar aquello en lo que trabaja.
Pertenece al siguiente nivel aquella que además —pues lo básico siempre requiere ser cubierto— es objeto de adoración por sí misma. Para esto, dicha ocupación debe producir resultados directamente relacionados con el esfuerzo invertido, nos debe permitir autonomía, debe tener algún nivel de complejidad para que sea retadora, y sobre todo, nos debe importar realmente —otra forma de decir que debe estar alineada con nuestros valores.
Más arriba todavía —además de que tu ocupación básicamente provea recursos o que te provea bienestar— es que te haga mejor persona. Si el éxito —como para muchos— es lograr mucho dinero, o —como para menos— es tener más amor, salud, paz o tiempo disponible, la calidad de ser humano puede ser un multiplicador — y como tal, mayor o menor que uno.
Curiosamente, mucho de este éxito o de la ocupación que nos toca, no depende de nosotros. Pero a la vez, el pequeño margen de libertad con el que contamos, puede destruir todo lo conseguido o acrecentarlo más allá de lo imaginado.
Es evidente que retirarse de ocupaciones de los primeros niveles no es un lujo: es una necesidad. Y no hablo de reponer energía, sino de cultivar los otros aspectos de la vida — y por qué no otras ocupaciones.
Dichosos los que puedan hacer retiros prolongados, más por la valentía que por la suerte; desgraciados los que creen que deben esperar a que el cuerpo no dé más para recién retirarse; y sabios aquellos que sepan retirarse cada noche para volver a empezar al día siguiente —o incluso al pasar simplemente de una actividad a otra.
Nada mejor que ver tu calendario en vez de tu cuenta bancaria para saber si ya es momento del retiro.
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