Emails a Lucilio

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Asunto: Sobre la autosuficiencia

Fecha: 3 de septiembre de 2026

Ya has avanzado bastante en este camino, Lucilio. Cuando no sirven la comida que te tienes permitido ingerir, simplemente no comes — sabes que el universo te proveerá después. Para ejercitarte, no necesitas casi nada más que tu propio cuerpo. Para entretenerte, basta con tu mente. Cada vez necesitas menos porque cada vez eres más. Pero todavía no eres realmente independiente si eres presa de este primario instinto social: tener miedo de ser excluido por ser diferente. Por supuesto que no podrías haber llegado hasta aquí sin ayuda de los demás, y seguro que vas a seguir necesitando de varios para ir más allá — lugar donde ya no necesitarás de nadie más. No hablo de no necesitar nada, porque ese cuerpo necesita energía para seguir llevando a tu mente. Felizmente la naturaleza siempre provee lo realmente necesario sin costo alguno, o tal vez, a un costo que pocos se atreven a asumir: entender. Nunca estarás realmente solo. Cuando por fin hayas llegado tendrás la compañía de otros seres: nada menos que los millones que viven en tu organismo, y por supuesto de todo aquello que tiene un lugar en el universo. Imposible no estar siempre acompañado de un árbol, de un cerro, del viento — a los que equivocadamente tanta gente se niega a llamar seres. Sólo cuando hayas llegado a este nivel de independencia, tus ganas de integrarte socialmente dejarán de ser instintivas para pasar a ser reflexivas. Se trata de pasar de servirse a servir. Es ir del ¿qué pueden hacer por mí? al ¿qué voy a hacer yo por ellos? Curioso que con los hijos —que los queremos criar autosuficientes, porque sabemos que no siempre nos tendrán—, empezamos pensando en qué hacer por ellos, y sólo más adelante —y equivocadamente—, algunos piensan en cómo redituar con esto. No va a ser fácil, Lucilio. Desconcertarás a casi todos con tu actuar. Algunos hasta se reirán; la verdad es que a la mayoría ni le importará. Pero te bastará saber que te estás haciendo a ti mismo, y no siendo la persona que los demás quieren que seas. Y notarás que además es muy divertido ser distinto. Es como en la música: primero tocas tú solo los riffs que se te quedaron sonando. Luego aprendes a ser parte de una banda, para producir en conjunto algo mejor que jamás lograrías solo. Así llegará el momento, Lucilio, en el que pasarás a tocar solos — ahora tuyos — que serán todo lo que necesitas escuchar. Si a algunos les gustaran, para ellos tocarás. Y si quieren más, les enseñarás.

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