Asunto: Sobre el sufrimiento innecesario
Fecha: 28 de mayo de 2026
¿Qué sabes sobre el sufrimiento? Todo y nada. De la misma manera que la buena literatura puede crear universos más interesantes que la realidad, con seguridad te has inventado sufrimientos que nunca existieron, o por lo menos fueron de la dimensión que los imaginaste.
Y es que le ocurre a todos, Lucilio, que sufren más de lo que viven. Me refiero en particular a aquellos que con seguridad no han pasado casi ninguna dificultad, comparada con aquellos que todavía tienen la mala suerte de vivir en verdadera desgracia.
Te salió mal la comida — aquel no tiene comida. Mucho ruido en tu casa — aquel no tiene casa. Se cayó ese nuevo negocio — aquel no tiene ninguno. Aquel cambiaría su vida entera por lo peor de la tuya.
Sufres por el pasado a través del recuerdo. Sufres por el presente a través de la percepción. Sufres por el futuro a través de la imaginación. No es culpa del recuerdo, percepción o imaginación, sino de incorrecta interpretación.
Interpretas en el presente, en donde el sufrimiento tiene tres formas: como dolor que ya llegó, que va a llegar o que nunca llegará.
Te duele la rodilla por una lesión real. Sufres. Te lamentas por no haber ido al médico. Vuelves a sufrir. Crees que estarás inmovilizados varios días. Más sufrimiento. Tres dolores menos una herida = dos ficticios.
El tipo de sufrimiento con el que primero debemos lidiar es el que existe como probabilidad, no como realidad. Son esos que pueden, pero no deben — y estoy seguro que no quieres— que te hagan sufrir.
El sufrimiento es como el consumismo desmedido de estas épocas: abundante y no sólo innecesario, sino perjudicial para nosotros. Nos hacemos de objetos que no necesitamos como de sufrimientos imaginarios.
Paradójicamente, mientras muchos inventan sufrimientos, otros sufren realmente por causas que una sociedad justa debería haber eliminado. Pero eso no te da derecho a sufrimiento gratuito.
Si algún sufrimiento necesario existe, Lucilio, debe ser aquel que elegiste padecer. En este caso no lo padecerás — más bien agradecerás— porque habrá sido para conseguir algo más importante. Y lo realmente importante nunca puede ser sólo para uno mismo.
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