Emails a Lucilio

Volver

Asunto: Sobre el amor a la vida

Fecha: 27 de agosto de 2026

No le tienes miedo a la muerte, Lucilio, por lo desconocido — aunque no hay nada que conocer entonces. Tampoco le temes por lo que perderás, sin importar cuánto tengas. Si a estas alturas algún miedo le tienes todavía, es porque aún no crees haber tenido una grandiosa vida. Por supuesto que no me refiero a abundantes bienes ni populosa compañía. La grandiosidad está en tu capacidad de ser agradecido con lo que hasta hoy has llegado a ser — que no implica que no pueda ser mejor. Que te falte mucho para llegar a la cima — si eso existe — no impide que puedas estar agradecido por haber llegado ya a la mitad de la montaña. Mientras la mayoría busca simplemente extender su vida, tú ya has entendido que se trata de hacerla más profunda y variada. Quieres que la razón te guíe en este camino, pero no puedes avanzar sin compañía del corazón: así amarás lo que vas conociendo. Para muchos la vida es un banquete al que hemos sido invitados para servirnos lo que nos plazca. Nadie se atrevería a pedirle al anfitrión un plato que no se haya preparado, porque no tiene sentido pedir lo que no hay cuando se puede disponer de tanto. La muerte existe para recordarte que este banquete está disponible hasta determinado momento. Debes disfrutarlo con calma, pues aún cuando no sabes a qué hora retirarán los platos, nadie disfruta comiendo apurado. La muerte es también útil referencia para cuando se trata de enfrentar los miedos: para la mayoría de seres humanos no hay nada más temible. Casi cualquier dolor, angustia o problema es insignificante al lado de la muerte. Pero tu muerte le será insignificante al universo, así que si a él no le preocupa, ¿cómo puede preocuparte a ti? Que tu vida sea como la describo no demostrará que es la mejor forma de vivir, pero sí que crees firmemente en ello, y casi tanto como el amor — y el miedo —, el creer es lo que a nuestra existencia le da sentido. Vas a tener que morir, Lucilio, aunque en ese momento no te sientas preparado, porque alguien más va a necesitar el espacio y la energía que tu ser consume. Quien sabe si será alguno de tus hijos —o cualquier extraño—, pero queda claro entonces que morir es necesario. Reza un credo muy difundido: tenemos dos vidas, la de por aquí y la de por allá. Coincido en lo de las dos vidas, sólo que la segunda es aquella que empieza en el momento que te das cuenta que tienes sólo una. Así que, Lucilio, cierro pagándote con esta joya que alguna vez me regaló Richard Bach: diste tu vida para llegar a ser la persona que eres ahora. ¿Valió la pena?

Suscríbete para recibir nuevas entradas

Recibirás cada nueva Carta o Email al ser publicada.

Suscribirme en Substack →