Cartas a Séneca

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Sobre músculos, mente y música

Venía ya convencido, a partir de tu carta anterior, Séneca, sobre la necesidad de dedicarle mucho menos tiempo al cuidado del cuerpo para invertirlo en el desarrollo de mi mente. Tenía muy claro el porqué pero me faltaba el cómo, que es con lo que ahora me ayudas a pensar mejor. Me doy cuenta que la respuesta está en la misma palabra que usaba para cuando me dedicaba más al cuerpo: ejercicio. También la mente necesita rutina, exigencia y disciplina para desarrollarse y fortalecerse. Pero intuyo que algo más es necesario también: la práctica improvisada, sin horario ni programa. Hoy que empiezo una nueva semana, me tocaba hacer ejercicio físico intenso, pero mi cuerpo tomó la palabra: descansemos luego de la contusión de ayer. De inmediato intervino mi mente, agradecida con el primero, explicando que no había nada que lamentar, sino que era una perfecta oportunidad para aprovechar. Es así que salí a caminar por media hora, escuchando música instrumental que puede haberme distraído un poco, pero a cambio me cuidaba del ruido de los autos que a esas horas era intenso. Durante este intervalo pude planificar mejor mi día, pero sobre todo, pensar más a fondo en aquello que me desvela: cómo transformar mi negocio y así poder dedicarle más tiempo al buen ocio. Pude sentarme luego a practicar meditación, y aunque no fue una sesión perfecta — ¿acaso puede serlo? — fue la mejor de hace varios meses. La caminata me permitió descargar varias de las ideas que rondan mi mente, y a la vez soltar el cuerpo, con lo que llegué a la práctica más ligero. Confirmo, Séneca, que es el ejercicio a ritmo moderado, ese que me permite todavía pensar, el mejor para cuerpo y mente. Caminar es la manera más fácil de practicarlo, pero hay algo en nadar, más todavía en el mar, que lo hace más completo — o es que justamente hay mucho menos, refiriéndome a distracciones diversas. Desde hace mucho he sabido lo importante de la pasión que uno mismo muestra al momento de comunicar, sin que esto quiera decir que el contenido no importe. Es evidente para mí que la forma puede multiplicar la potencia del mensaje — o destruirlo por completo. Ahora entiendo que no soy yo el que regula la intensidad de la voz, sino la voz la regula la intensidad del mensaje, quedándome a mí solo seguir su melodía o ayudar a afinarla. Para terminar, mi querido Séneca, sabes que estoy atravesando momentos difíciles con mi negocio, los cuales se podrían tornar peores si no ejecuto acciones radicales, no por ello irreflexivas. Sé que una gran parte del resultado final depende de la fortuna, a la que me has enseñado no pedirle nada. Pero sé también que existe otra parte en la que puedo inclinar las probabilidades, y que es allí en donde debo usar todas mis capacidades, las mismas por las que ya estoy agradecido. No sé cómo vendrá el futuro, Séneca. Sé, sin embargo, que hoy debo hacerlo mejor que ayer — coreo que repetiré diariamente, mientras pueda seguir cantando.
9 de junio de 2026

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