Sobre el sacrificio voluntario
No es casualidad, Séneca, que encuentre en tu carta oportunidades de vivir mejor justo con motivo de las fiestas de fin de año. Lo que es increíble es que justo venía pensando en dos situaciones para las que sin duda me viene muy bien tu consejo.
Está primero lo del ayuno, hábito que practico de lunes a viernes en periodos cortos de 16 horas —y que logro extender a 24, una vez por mes—: justo hoy empecé con el ayuno más largo del año, buscando llegar a 3 días enteros.
Consciente de que últimamente no he sido muy cuidadoso con mis comidas y bastante convencido de los beneficios que el ayuno prolongado le puede generar a mi cuerpo, decidí llevarlo antes de que termine el año. Se vienen además días de fiesta en los que se comerá y beberá más de lo normal, así que en todo caso me prepararé para que los desmanes generen menores daños.
Es curioso que a veces no lo tenga tan presente, pues las emociones quieren tomar el control de mi mente, pero el beneficio más importante del ayuno es justamente para la mente —si no para el alma. A la mente: entrenarla para funcionar correctamente y además comandar al cuerpo a pesar de las sensaciones incómodas. Y al alma: sentir lo que siente la gente que no puede comer involuntariamente, intentando volverla más comprensiva y compasiva con los que no tienen suerte.
Podría decir que todo lo anterior lo conocía y era suficiente para aventurarme en esto del ayuno prolongado. Pero nunca está de más el refuerzo, difícilmente mejor que con tus palabras, de las que aquello de prepararme para la adversidad y así enfrentarla — a pesar del miedo —, es lo que más valoro. No es juego, sino prueba.
Luego viene la cuestión de no entregarme, como casi todos, a estas celebraciones. Ya venía yo siendo más cuidadoso con el desvelo y el alcohol, seguro que por viejo pero también por aspirante a sabio, aunque no lo había pensado tan a fondo como ahora me inspiras: tener la voluntad de resistirse a los excesos en los que casi todos caerán, es, sin duda, una imagen tentadora.
No digo con esto que no celebraré en estas fiestas, pero que retraerme un poco para ver cómo los demás se dejan llevar, es algo que me tienta sobremanera para demostrarme que estoy avanzando — aunque sea unos milímetros — hacia ser mejor persona.
Ya no tengo más dudas sobre la necesidad del sacrificio voluntario, Séneca. Pero es curioso cuánto puede terminar valiendo aquello que más cuesta, a la vez que aquello que cuesta mucho puede no llegar a valer nada. ¿Qué peleas vale la pena tener? Es la pregunta que me vengo haciendo.
30 de junio de 2026
Suscríbete para recibir nuevas entradas
Recibirás cada nueva Carta o Email al ser publicada.
Suscribirme en Substack →