Cartas a Séneca

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Sobre el retiro del cuerpo

Podría decir que hasta determinada etapa de mi vida, alrededor de los 35 años, la dedicación a cuidar mi cuerpo era creciente, al menos en cuanto a ejercicio físico se refiere. También es cierto que fui mejorando mi alimentación en paralelo y posteriormente mi sueño, habiendo progresado en lo que yo entiendo como los tres pilares de la salud física. Pero fue claramente en el ejercicio en donde llegué a una especie de pico. En esas épocas cuando más tiempo me dedicaba a entrenar y competir en mi deporte favorito — la natación en aguas abiertas. A esto añadía también correr con regular frecuencia y distancias respetables, y cada vez algo más de gimnasio. Con otras responsabilidades como las del trabajo o las de mi familia el tiempo dedicado al ejercicio se me fue haciendo más escaso, a la vez que empecé a comprender que mis progresos se mantendrían si seguía trabajando en la alimentación y en particular en el sueño. Y creo que no me ha ido mal. Es, sin embargo, la curiosidad de conocer más sobre el cuerpo, pero en particular sobre la mente, la que me ha ayudado a cambiar radicalmente mi posición respecto al ejercicio y en general al cuidado del cuerpo. He llegado incluso a creer, no hace mucho, que el ejercicio debe practicarse una sola vez por semana, siendo específicamente de fuerza y con gran intensidad, permitiendo al cuerpo descanso y recuperación. He confirmado y reafirmado mis creencias en los beneficios del ayuno, y en que, después de todo, uno prepara el cuerpo para cuando lo necesite, siendo esto algo tan cotidiano como un partido de futbito, o algo tan importante como un evento de lucha por la supervivencia. Lo que más rescato de tu carta, mi amigo Séneca, es que me ayudas a confirmar lo que yo ya sabía, pero no podía explicármelo a mi mismo, o necesitaba confirmación de alguien que sabe mucho más que yo: debo cuidar mi cuerpo para que sirva de la mejor manera posible a mi mente, nunca para servirse a sí mismo. Si logro enfrentar la vida con mis mejores capacidades mentales, disfruto de más momentos con agradecimiento y al menos por instantes, logro transcender mi cuerpo —como cuando medito—, entonces sé que estoy tratando correctamente a mi cuerpo y este sirviendo adecuadamente a mi mente. Existen límites hasta los que una buena casa puede contribuir a tener una buena vida. Entonces, uno no disfruta la casa, sino que la casa puede ayudar a que uno se disfrute a sí mismo — capacidad exclusiva de la mente.
2 de junio de 2026

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